Potaje de vigilia. Garbanzos con espinacas y bacalao

Potaje de vigilia. Garbanzos con espinacas y bacalao

 


Ingredientes

  • 300 g. de garbanzos secos (sin remojar)
  • 300 g. de bacalao desalado
  • 250 g. de espinacas frescas
  • 2 cebollas medianas
  • 4 dientes de ajo
  • 1 huevo
  • 1 rebanada de pan
  • 1 cucharada de postre de pimentón de la Vera (agridulce o dulce)
  • 1 hoja de laurel
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal (al gusto)

Seguro que alguna vez habéis escuchado el dicho de “pasado el tiempo de Don Carnal, llega el de Doña Cuaresma”, es decir, los 40 días que hay entre Carnavales y Semana Santa.

Somos un país de tradiciones que influyen directamente en nuestras costumbres y por supuesto en los platos que preparamos en nuestras casas. En época de Cuaresma la tradición religiosa dictaba la “vigilia” o prohibición de comer carne, que además de estos 40 días también se extendía a todos los viernes del año.

Estemos de acuerdo o no con estos dictámenes, hemos de reconocer que gracias a ellos han surgido recetas impresionantes, combinando ingredientes diferentes a la carne. Una de las recetas de guisos con legumbres más típicas de estos días es este potaje de garbanzos, que se acompaña de las espinacas (verdura en temporada) y el bacalao. Aunque para aquellos que el tema de la prohibición de comer carne los viernes haya quedado atrás. Os dejo con una adaptación de este potaje con chorizo igual de bueno.

Antes de cocinar. Bacalao, garbanzos y espinacas

  1. Uno de los pasos importantes es la elección de los garbanzos, los tienes como legumbre seca o ya cocida y puedes encontrar varios tamaños.
  2. El día anterior ponemos los garbanzos en agua templada con una cucharadita de sal y los dejamos en remojo durante la noche, normalmente 12 horas.
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Albóndigas en salsa. Receta fácil al estilo de mi abuel

Albóndigas en salsa. Receta fácil al estilo de mi abuel


Ingredientes

  • Para las albóndigas: 750 g. de carne picada (cerdo, ternera o mixta)
  • 2 huevos medianos
  • 150 g. de pan de molde sin corteza
  • 5 cucharadas de leche entera
  • 1 cucharada de perejil fresco picado y un poco más para espolvorear
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cebolla
  • Sal, nuez moscada y pimienta negra recién molida (al gusto)
  • Harina para rebozar las albóndigas
  • Para la salsa: 1 cebolla
  • 2 zanahorias
  • 1/2 pimiento rojo
  • 100 g. de guisantes
  • 400 g. de patatas
  • 2 dientes de ajo
  • 125 ml de vino blanco
  • 1/2 l de caldo de pollo y agua (si fuese necesario)
  • Unas hebras de azafrán
  • 1 hoja de laurel
  • Sal y pimienta negra recién molida (al gusto de cada casa)
  • Aceite de oliva virgen extra suave (fritura albóndigas y para la salsa)

Las albóndigas caseras de carne en salsa siempre me han recordado a mis tiempos de niño, a receta de casa de mi madre. Una de esas comidas que triunfan cuando eres pequeño y que le pides a tu madre día sí y día también. Esta receta de albóndigas a la cazuela en salsa es la que me enseño mi abuela Lucrecia, que está tal cuál, sin variaciones, es perfecta así.

Así que hoy cocinaremos unas albóndigas de carne picada en una salsa de verduras, de las cosillas que daba el huerto y un poco de vino blanco de casa, pero en el que podéis emplear un buen vino blanco, el que más os guste.

En algunos sitios también llamadas albóndigas a la jardinera, por la cantidad de verduras y hortalizas que llevan. Su sabor es intenso, mezcla de todos los recuerdos de como hacía mi abuela las albóndigas y como toda la familia compartía la cazuela, yo siempre pillaba 4 albóndigas y un montón de patatas fritas.

Además siempre es un buen entretenimiento que requiere de algo de maña pero comerlas es más divertido y, sobre todo, más sabroso. Dentro de las recetas de albóndigas hay 2 tipos que casi todo el mundo ha probado, las albóndigas con tomate y estas albóndigas en salsa. Para estas albóndigas de carne siempre me gusta mezclar carne al 50%, carne de cerdo y de vacuno (ternera). También estarían increíbles con albóndigas con pollo y o bien sólo cerdo.

Os dejo con esta comida casera sin mucha complicación, una forma de comer carne y verdura de forma sana y muy buena, es un plato único que queda de lujo. Los más peques y no tan peques les encantará, y si éstas verduras no te gustan podrás cambiarlas por las de tu elección, espero que os animéis con ellas.

Cómo preparar las albóndigas y la base de la salsa de verduras

  1. Preparamos la salsa. Lavamos y picamos en dados muy pequeños la cebolla. Laminamos el diente de ajo en una cacerola baja. Añadimos un chorro de aceite de oliva virgen y ponemos a pochar la cebolla y el ajo.
  2. Lavamos y cortamos en trocitos las zanahorias y el pimiento rojo. Cuando la cebolla haya pochado, añadimos el resto de ingredientes y rehogamos. Salpimentamos al gusto.
  3. Añadimos una cucharada pequeña de harina a la cazuela y tuesta la harina durante un minuto removiendo bien. Dejamos que los ingredientes suelten todo el líquido durante unos 5 minutos. Cuando haya reducido vertemos el vino blanco y dejamos que se cocinen a fuego muy bajo. Este proceso necesitará unos 15 minutos aproximadamente, así la zanahoria quedará en su punto con el resto de verduras.
  4. Mientras se hace la verdura preparamos la mezcla de las albóndigas. Vamos a hacer las pelotas de carne, que todas salgan más o menos igual. Salpimentamos la carne picada, tanto la de ternera como la de cerdo en un cuenco grande.
  5. Rompemos los 2 huevos y los añadimos junto con la nuez moscada, el perejil fresco (o si no tenemos seco), las rebanadas de pan sin la corteza que previamente hemos remojado en leche durante unos minutos. Dejamos que repose la mezcla.
  6. Vamos a cocer unos minutos la cebolla y el ajo. De esta forma conseguiremos que la cebolla se reblandezca y que nuestras albóndigas queden con una textura homogénea. Además reduciremos levemente la fuerza del ajo y la cebolla dando más suavidad a la mezcla de las albóndigas.

Preparación y forma de las albóndigas

  1. Picamos los 2 dientes de ajo muy picaditos (sin el brote interior o tronco para que no repita) y la cebolla en trocitos pequeños. Ponemos agua a calentar y cuando hierva añadimos la cebolla y el ajo. Dejamos cocer durante 2 minutos
  2. Escurrimos y enfriamos con agua fría, antes de añadir a la mezcla anterior. En cuanto veamos que está bien de temperatura mezclamos con la carne.
  3. Removemos todo bien con las manos hasta que se mezclen los ingredientes. Tapamos con film transparente y dejamos reposa una hora en la nevera. Pasado el tiempo de reposo sacamos la carne de la nevera. Esta será la base de nuestras futuras albóndigas. Sin miedo empezamos a trabajar la masa haciendo pequeñas (o grandes, eso al gusto) pelotas que luego pasaremos por harina.
  4. Para ello, ponemos harina en un plato. Con una cuchara, te ayudas para coger un poco de carne picada que bolearás con las manos. Da una primera pasada, dejando la primera albóndiga redondita. Las pasas por la harina del plato, la boleas un poco más y la dejas en otro plato limpio, y así sucesivamente.

Fritura y cocción con la salsa. Presentación de las albóndigas en salsa

  1. Las dejamos en un plato a la espera de la sartén. Las sacudimos un poco para retirar el exceso de harina. Freímos en aceite de oliva virgen extra bien caliente, unos tres minutos son suficientes. Reservamos.
  2. Añadimos las albóndigas a la cazuela, el azafrán y el laurel. Cuando el vino haya reducido un poco añadimos el caldo de pollo caliente y los guisantes, dejamos al fuego 10 minutos. Si vemos que la salsa se queda muy espesa rectificamos con agua (siempre caliente para no cortar la cocción). Cuando la salsa esté lista probamos de sal. Rectificamos si es necesario.
  3. Dejamos que reposen unos 5 minutos mientras freímos las patatas con el tipo de corte que más te guste. Las servimos calentitas tal cual, un gran plato único.

Si no queréis acompañarlas con patatas un buen puré de patatas es una opción. Otra alternativa es hacer un arroz blanco como guarnición, el arroz blanco es perfecto para mezclar con la salsa de las albóndigas. Sin darte cuenta te has montado una comida estupenda ¡A disfrutar!

Consejos para unas albóndigas en salsa perfectas

Hay cientos de preparaciones, cada una con sus truquitos. Los resultados finales son similares a los de las tortillas de patatas o las croquetas de cada casa, no hay dos iguales. Aquí tenéis algunos consejos para, incluso mejorar esta receta.

  • En el proceso de elaborar la base de la carne. Si vieras que no has escurrido bien el pan que has remojado en leche y que la mezcla no te queda bien ligada es porque hay humedad de sobra. Puedes añadir un poco de pan rallado para dejarla compacta, unida pero jugosa. Nunca debe quedar seca, sino en vez de pelotas de carne tendrás piedras.
  • Para que las albóndigas queden más suaves y jugosas agrega una cucharada de aceite de oliva virgen extra a la mezcla de la carne. Cuándo prepares las albóndigas no debes amontonarlas unas sobre las otras, cada una tendrá su espacio. En caso contrario, se te acabarán pegando unas con las otras y perderán su forma y su encanto.
  • Una forma de que no se te pegue la carne a las manos es mojártelas para que queden húmedas (no tienen que estar chorreando, solo húmedas).
  • En esta receta de albóndigas a la jardinera se pueden sustituir los guisantes por un paquete de menestra congelada.
  • A la hora de especiar la carne, podéis añadir ajo en polvo, sal y perejil. Incluso vuestras especias preferidas, tomillo, salvia, albahaca, orégano… lo que más os guste en casa.
  • Mucho cuidado cuando tostéis el azafrán porque en cuestión de segundo (dependiendo del calor de las sartén) se quema y queda para la basura. Si os pasa mejor tirarlo y si no os queda más azafrán podéis usar un poco de colorante.
  • Al igual que hago con las croquetas, siempre preparo albóndigas de más. Mucha cantidad para luego poder congelar. Así cualquier otro día que esté apurado de tiempo tengo un túper estupendo preparado de comida y me despreocupo.
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Tarta a los tres chocolates. Receta sin horno con cuajada o con gelatina

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Ingredientes

  • Para la base de galletas: 150 g de mantequilla
  • 1 cucharada sopera de azúcar blanquilla
  • 1 paquete de galletas a vuestra elección
  • Para las cremas de chocolate: 100 g. de chocolate negro 70%
  • 50 g. de cacao en polvo 70%
  • 150 g. de chocolate con leche
  • 150 g. de chocolate blanco
  • 90 g. de azúcar blanquilla (30 g. por capa)
  • 600 ml de nata líquida 35% MG (200 ml. por capa)
  • 600 ml. de leche entera (200 ml. por capa)
  • 3 sobres de cuajada Royal (12 g en cada sobre de cuajada) o 30 g. de gelatina neutra o grenetina en polvo (10 g. por cada capa de crema de chocolate).
  • Un poco de cacao en polvo para decorar
  • Un molde desmoldable de 20 cm.
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 Cómo hacer leche frita casera. Receta de un postre fácil paso a paso

Cómo hacer leche frita casera. Receta de un postre fácil paso a paso

 


Ingredientes

  • Para la crema base de la leche frita:
  • 100 g. de azúcar glass o en polvo
  • 3 yemas de huevo M
  • La piel de un limón (opcional, también de una naranja)
  • 80 g. de harina fina o almidón de maíz
  • 40 g. de mantequilla
  • 1 rama de canela y 1 vaina de vainilla
  • ¾ litros de leche entera
  • Para la fritura: 1/2 litro de aceite de oliva virgen extra suave para freír
  • Para el rebozado:
  • 100 g. de harina de trigo de todo uso
  • 3 huevos M
  • Decoración o rebozado final de la leche frita:
  • 1 cucharadita de canela en polvo
  • 100 g. de azúcar normal

  • En nuestras recetas de postres no podía faltar la leite fritida a galega. Para preparar este dulce tan tradicional y casero no necesitamos unos ingredientes especiales, nos basta con los de andar por casa, por eso es uno de los unos de los postres sencillos con más éxito en la repostería española.

  • Podemos encontrar miles de recetas diferentes, al gusto del cocinero/a y seguro que todas están buenísimas, pero yo os voy a dejar la que prepara mi madre, pues es uno de los postres que mejor le sale y así la hago yo.

  • Me imagino que en los comienzos de la repostería tal como la conocemos ahora, la leche, huevos, harina y azúcar eran la base de la mayoría de los postres. Estos 4 ingredientes usados en distintas proporciones nos dan infinidad de posibilidades. Jugando con uno u otro tenemos lo mismo leche frita que unas filloas, crepes, la base de muchos bizcochos, un buen pudin o un flan… pero después de las filloas definitivamente me quedo con la leche frita.
  • No es un postre que se encuentre normalmente en las pastelerías sino que suele ser casero. Dicen que es un postre típico de Palencia en Castilla y León, pero la verdad es que donde más fama tiene es en el norte de España. En Coruña también hay algunas recetas escritas en las que emplean pan rallado. La textura de las pasadas por pan rallado es un poco más basta y recuerda a la corteza de las croquetas. Las de harina quedan más finas.

Una leche frita bien doradita y cubierta de azúcar (aunque a mí me gusta con un poco de canela). Os aseguro que tiene un sabor muy cremoso. Y si os animáis con un toque crujiente, en el blog tenéis la leche frita caramelizada, todo un éxito en casa.

Antes de nada. Leche aromatizada

  1. El primer paso es preparar los ingredientes con los que vamos a aromatizar la leche. Lavamos muy bien el limón y pelamos su piel de manera fina, sin mucho blanco que luego nos amargue el postre.
  2. Abrimos la vaina de vainilla  y sacamos las semillas que reservaremos para añadir más tarde a la leche. Si utilizamos huevos caseros os aseguro que mejoráis este delicioso postre.
  3. Separamos un vasito de leche del total que vamos a emplear y lo reservamos. Calentamos el resto de la leche en un cazo a fuego medio casi hasta el punto de ebullición.
  4. Bajamos la temperatura y retiramos del fuego. Añadimos las semillas de vainilla, la mantequilla, la piel del limón y por último la rama de canela. Dejamos todo en reposo infusionando durante 5 minutos.

Preparación de la crema base de la leche frita. Reposo

  1. Mezclamos el almidón de maíz en el vaso de leche y juntamos sin que tenga nada de grumos. Si es necesario le pasamos la batidora. Separamos las yemas de las claras.
  2. Ponemos las yemas en un bol y batimos con el azúcar hasta que espumee. Añadimos el vaso de leche y el almidón de maíz (Maicena). Volvemos a batir hasta que no queden grumos, tiene que quedar una masa homogénea. Reservamos.
  3. Colamos la leche infusionada y la volvemos a añadir al cazo. Calentamos a media ebullición y añadimos la crema del paso anterior. Lo vamos añadiendo poco a poco y mezclando con unas varillas sin parar hasta que espese. Es muy importante no dejar de remover pues si no puede llegar a quemarse o pegarse a la cazuela.
  4. Elegimos la bandeja que vamos a emplear para la crema de la leche frita. En este caso una de cristal rectangular de 32 x 24 cm que he untado con un poco de mantequilla por si acaso aunque no suele ser necesario.
  5. Vertemos la masa de la leche frita en la fuente para que quede del grosor deseado. Aproximamente 0,5 – 1 cm o un dedo, todo depende de gustos. A mi me gusta gordita. Dejamos enfriar por lo menos un par de horas. Si la haces el día anterior a comerla estará mucho mejor, y es más fácil a la hora de manipular.
  6. Cubrimos la masa de la leche frita con film transparente, que quede en contacto con la masa. Para que ésta no haga costra y quede muy suave. Dejamos enfriar en la nevera, lo ideal es hacer la masa la noche o tarde antes. Así ayudamos a que se refrigere varias horas antes de seguir con la receta.

Fritura y presentación final de la leche frita

  1. Una vez que la masa esté fría y compacta desmoldamos con cuidado volteando el molde sobre una bandeja. Cortamos en porciones cuadradas o rectangulares también al gusto (entre 3-5 cm de lado).
  2. Los pasamos por harina primero y luego por huevo batido, hasta que se impregne bien por ambas caras.
  3. Freímos en una sartén grande con abundante aceite de oliva virgen suave o aceite de girasol. Cuando tengan color dorado las sacamos con una espumadera, aproximadamente un minuto, medio por cada lado. Retiramos los restos de huevo y las bolitas típicas de fritura si las tuviese.
  4. Dejamos secar sobre papel absorbente y pasamos por la mezcla de canela molida y azúcar. Aquí tenéis un postre de los que podemos decir con mayúsculas, que está de rechupete.

Esta receta tradicional de leche frita es relativamente sencilla de preparar tal como habréis visto en el paso a paso.

Origen de la leche frita

  • El origen de la receta es incierto, reivindicando varias regiones españolas su autoría. Es verdad que en el norte de España este postre es casi una religión y tiene sus más devotos seguidores.
  • Aunque su invención seguramente fue de aprovechamiento de los ingredientes más comunes en la cocina: leche, harina y huevos. Al igual que las torrijas son bastante parecidas a la leche frita o tostadas de crema.
  • El secreto de la leche frita es conseguir una textura cremosa pero que no se deshaga y el rebozado. Son populares en Madrid las rebozadas con pan rallado según Nestor Lujan y Juan Perucho en “El libro de cocina Española, Gastronomía e Historia“.
  • Podéis tomar la leche frita caliente o templada, o dejarla enfriar y servirla fría. A mi me gusta así tal cual, os aseguro que no habrá nadie que se resista a este postre, su sabor es único.
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